El interior de
nuestro cuerpo nos resulta invisible. Aparte de algunas nociones anatómicas y
médicas, conocemos mal su funcionamiento y las interacciones de sus diferentes
sistemas. Aprovechando este blog vamos a ir, poco a poco, descubriendo más
sobre él, cada órgano y su funcionamiento.
Nuestro
interior está protegido por la piel que ejerce de barrera contra las agresiones
externas, protege nuestra vida. Un traumatismo físico o una agresión moral
producen una herida, una brecha que deja una huella o marca que se manifiesta
en la profundidad de nuestro cuerpo. El primer blanco siempre será nuestro
“punto sensible” (la espalda, el hígado, el estómago… depende de cada individuo).
Cuando
sentimos una emoción reacciona nuestro interior, los órganos. Son
extremadamente receptivos a nuestras emociones y sentimientos. Su forma de
reaccionar depende de la intensidad y gravedad del estrés. Van desde un espasmo
de la vesícula biliar, ardor de estómago, vómito, síncopes, úlceras hasta
enfermedades más graves.
Cada órgano está física
y emocionalmente conectado con el cerebro. Éste recibe, transmite y memoriza,
nos permite pensar, imaginar, crear, hablar, caminar… Es el que decide si reír
o llorar, moverse o quedarse parado, ser feliz o desgraciado. Es el enlace con
la realidad de nuestro organismo. Es como un ordenador de la somatización que
recibe 10000 millones de informaciones por segundo. Esos estímulos se someten a
una selección y el exceso de esas emociones se vierte a nuestros órganos que
son un receptáculo perfecto. Esto permite mantenernos en buena salud mental.
En las pequeñas contrariedades
reaccionan la vesícula y el plexo solar (en la boca del estómago), y el
intestino y el hígado son los “almacenes” por excelencia de las emociones.
Frente
al estrés, algunos órganos como los bronquios, el estómago, la vesícula y el
intestino, están sujetos a espasmos. Como una onda, se propaga a diferentes
partes del cuerpo generando la reacción correspondiente de ese “eslabón débil”
al que principalmente afecta. Inevitablemente el órgano tiene memoria y está
listo para reaccionar ante un nuevo estrés. Los golpes dejan marcas, el miedo,
la tensión, el estrés o la culpabilidad transitan en el cerebro y éste delega
en los órganos a través de ese proceso de selección y somatización.
Sin embargo,
tenemos en nuestras manos un conjunto de soluciones preventivas dirigidas a
mantener nuestro interior cuidado y con un perfecto funcionamiento: una
alimentación adecuada, la práctica de actividad física, métodos de relajación…
tender a un buen equilibrio de salud.

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