jueves, 9 de enero de 2014

EL CUERPO Y LAS EMOCIONES




El interior de nuestro cuerpo nos resulta invisible. Aparte de algunas nociones anatómicas y médicas, conocemos mal su funcionamiento y las interacciones de sus diferentes sistemas. Aprovechando este blog vamos a ir, poco a poco, descubriendo más sobre él, cada órgano y su funcionamiento.

Nuestro interior está protegido por la piel que ejerce de barrera contra las agresiones externas, protege nuestra vida. Un traumatismo físico o una agresión moral producen una herida, una brecha que deja una huella o marca que se manifiesta en la profundidad de nuestro cuerpo. El primer blanco siempre será nuestro “punto sensible” (la espalda, el hígado, el estómago… depende de cada individuo).

Cuando sentimos una emoción reacciona nuestro interior, los órganos. Son extremadamente receptivos a nuestras emociones y sentimientos. Su forma de reaccionar depende de la intensidad y gravedad del estrés. Van desde un espasmo de la vesícula biliar, ardor de estómago, vómito, síncopes, úlceras hasta enfermedades más graves.


Cada órgano está física y emocionalmente conectado con el cerebro. Éste recibe, transmite y memoriza, nos permite pensar, imaginar, crear, hablar, caminar… Es el que decide si reír o llorar, moverse o quedarse parado, ser feliz o desgraciado. Es el enlace con la realidad de nuestro organismo. Es como un ordenador de la somatización que recibe 10000 millones de informaciones por segundo. Esos estímulos se someten a una selección y el exceso de esas emociones se vierte a nuestros órganos que son un receptáculo perfecto. Esto permite mantenernos en buena salud mental.
En las pequeñas contrariedades reaccionan la vesícula y el plexo solar (en la boca del estómago), y el intestino y el hígado son los “almacenes” por excelencia de las emociones.

Frente al estrés, algunos órganos como los bronquios, el estómago, la vesícula y el intestino, están sujetos a espasmos. Como una onda, se propaga a diferentes partes del cuerpo generando la reacción correspondiente de ese “eslabón débil” al que principalmente afecta. Inevitablemente el órgano tiene memoria y está listo para reaccionar ante un nuevo estrés. Los golpes dejan marcas, el miedo, la tensión, el estrés o la culpabilidad transitan en el cerebro y éste delega en los órganos a través de ese proceso de selección y somatización.


Sin embargo, tenemos en nuestras manos un conjunto de soluciones preventivas dirigidas a mantener nuestro interior cuidado y con un perfecto funcionamiento: una alimentación adecuada, la práctica de actividad física, métodos de relajación… tender a un buen equilibrio de salud.


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